En la ciudad hay grandes, medianos y pequeños, opulentos y necesitados, poderosos y gente común. En la ciudad el dinero es el rey. La mentalidad dominante es la mentalidad mercantil, la del dinero. (…) Aquí se aprende a conocer el valor del trabajo y del tiempo, pero sobre todo los perpetuos cambios: el incesante movimiento de los precios y las continuas transformaciones de status y condición (…). En la ciudad se está en primer lugar entre vecinos y amigos. El ciudadano se halla inserto en la vida del barrio, en la manzana, en la calle. Los lugares de reunión son numerosos: la taberna, el cementerio, la plaza y, para la ciudadana, los pozos, el horno, el lavadero. (…) el ciudadano, si tiene éxito no se avergüenza, porque en la ciudad se aprecia el trabajo y, si la usura está desacreditada, no así la riqueza de honesta procedencia, que es alabada. (…) El ciudadano puede asegurar un buen futuro a sus hijos enviándolos a las escuelas (…) participa como espectador o actor en las celebraciones de la ciudad, en las fiestas de regocijo, en las procesiones (...). Para el enfermo y para el pobre está el hospital: para quien se encuentra bien está la risa y el carnaval (…).

Jacques Le Goff: El hombre medieval. Madrid: Alianza Editorial, 1990